APATÍA
Me levanto brincando, veo a mi gato
y le tiro la lana para jugar, me sonríe,
y se retira con ese caminar particular.
Me acuesto y me enojo,
la lana se había ido lejos y yo estaba acá,
no tengo a quien pedirle que me lo alcance,
no tengo a quien gritarle.
Encuentro la lana
pero mi gato prefiere irse a dormir.
Mi heladera está escasa, no hay comida
y tengo hambre, encuentro algo pero tiene hongos,
estan fritos, asique los preparo
los empiezo a comer y los dejo por la mitad.
No tengo piernas pero tengo dos brazos,
mis ojos irritados lloran y me lo bebo sin sed.
Mi gato me invita a jugar pero estoy durmiendo,
por ello hace un gesto de insulto
y me siento mal, le tiro la lana
me ignora y se va.
Le pego, llora y le abrazo.
Me empuja, me enojo y se arrepiente.
Voy al baño abro la ducha y siento el vapor,
estoy limpia pero me lastimo y
me ensucio con sangre,
me da asco y baño a mi gato.
Le doy toda mi poca comida a mi vecina,
me da hambre y le toco la puerta,
se rehusa y me cierra la puerta.
Duermo, me levanto y envejezco.
"Todavía no pasó un día desde que
invité a mi gato a jugar.
Todavía no pasó un día desde
que me dijiste au revoir.
El tiempo se vuelve moroso,
mi piel se rehúsa a lo hermoso."

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